Hoy en mi supermercado habitual había una empleada nueva con una característica que la hacía especial, es lo que para entendernos llamaríamos una persona con una discapacidad intelectual, término que es incapaz de recoger ni someramente la realidad de un ser humano así. Al cobrarme, la chica con alguna dificultad en el habla me explicó amablemente que había venido a substituir a alguien y que antes estaba en otra tienda de la cadena de supermercados muy cerca de su casa, siguió así dándome más detalles a pesar de no conocerme de nada, todo lo expresó desde la tierna inocencia de un niño, estaba claro que buscaba que le arroparan, pues para ella estar allí era todo un desafío diario, no había tenido una vida fácil. Me sentí honrado de que fuese ella quien me atendiese, pues no solo me estaba cobrando, también me estaba regalando inocencia y esperanza en la humanidad, si había alguien que mereciese ese puesto era sin duda ella y los que la vida ha puesto en situaciones similares.
Al salir del supermercado andaba con la alegría de alguien que ha vivido un bello encuentro, mis pasos eran ligeros y mi corazón parecía cantar. Entonces apareció una imagen en mi interior que me devolvió a la gravedad de la vida, era la imagen de Trump. Su presencia me hizo comprender de inmediato que él con uno de sus tristes decretazos no dudaría en derogar las leyes que incentivan que los empresarios tomen como empleados a personas discapacitadas. Entonces sobre el horizonte de la rabia apareció el amanecer del orgullo de sentirme ciudadano de la Unión Europea, no cabe duda, los que tenemos sensibilidad y defendemos la justicia social somos siempre los fuertes, que nadie nos engañe.
Esta experiencia me ha llevado a escribir estas palabras con el claro propósito de animar a mis conciudadanos europeos a que no se rindan ante ningún chantaje autoritario que pretenda acabar con nuestro estado del bienestar, cuyas raíces son sin duda el estado del bien ser. No conozco el nombre de la chica que me atendió, pero me siento afortunado de haberla conocido y de disfrutar de su presencia, gracias a ella mi indomabilidad ante lo que se avecina se ha hecho más poderosa.