Ahora nos queda por construir la catedral más grande y hermosa de la historia, en la que ha de caber toda la humanidad: la implantación de los Derechos Humanos en todo el mundo.
Por vez primera la construcción de una catedral requiere de la participación de todas las culturas, todas las religiones, todos los agnosticismos, todos los ateísmos, todas las ideologías y todas las filosofías. El fin de esta magna obra es conseguir una humanidad que se respete a sí misma, que consiga que todo ser humano se sienta digno de serlo y que incluso se atreva a tener sueños en común. Los materiales iniciales los tenemos, son los Derechos Humanos, ahora toca ponerse de verdad manos a la obra.
En esta catedral la historia de la humanidad cobrará por vez primera un sentido global, los seres humanos dentro de ella no tendrán más remedio que sentirse hermanos y hacer de sus rencillas un reto de crecimiento.
Todos quedamos sobrecogidos ante el espacio interior de Notre Dame, sentimos que nuestra alma se expande dentro de él, que nuestra pequeñez forma parte de algo más grande, por eso la reconstruimos; ahora toca reconstruir la humanidad, dejar atrás el odio, los resentimientos y el cainismo.
Juntos hemos de crear un gran sueño en común, así empiezan todas las catedrales, en el corazón y en la mente de quienes la sueñan, ese sueño es hacer realidad los Derechos Humanos, seguro que a muchos os parece imposible, pero también a los que veían comenzar las catedrales les parecía imposible, muchos morían sin verlas acabadas, pero finalmente sus descendientes pudieron disfrutarlas, porque sus padres y abuelos tuvieron fe en conseguirlo. Ha llegado el momento de generar una fe inquebrantable en hacer realidad los Derechos Humanos, si la fe pudo levantar Notre Dame, también podrá levantar la catedral de la dignidad de todos los seres humanos.