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domingo, 8 de diciembre de 2024

DESPUÉS DE RECONSTRUIR NOTRE DAME...

    Ahora nos queda por construir la catedral más grande y hermosa de la historia, en la que ha de caber toda la humanidad: la implantación de los Derechos Humanos en todo el mundo. 

    Por vez primera la construcción de una catedral requiere de la participación de todas las culturas, todas las religiones, todos los agnosticismos, todos los ateísmos, todas las ideologías y todas las filosofías. El fin de esta magna obra es conseguir una humanidad que se respete a sí misma, que consiga que todo ser humano se sienta digno de serlo y que incluso se atreva a tener sueños en común. Los materiales iniciales los tenemos, son los Derechos Humanos, ahora toca ponerse de verdad manos a la obra.

    En esta catedral la historia de la humanidad cobrará por vez primera un sentido global, los seres humanos dentro de ella no tendrán más remedio que sentirse hermanos y hacer de sus rencillas un reto de crecimiento. 


    Todos quedamos sobrecogidos ante el espacio interior de Notre Dame, sentimos que nuestra alma se expande dentro de él, que nuestra pequeñez forma parte de algo más grande, por eso la reconstruimos; ahora toca reconstruir la humanidad, dejar atrás el odio, los resentimientos y el cainismo. 

    Juntos hemos de crear un gran sueño en común, así empiezan todas las catedrales, en el corazón y en la mente de quienes la sueñan, ese sueño es hacer realidad los Derechos Humanos, seguro que a muchos os parece imposible, pero también a los que veían comenzar las catedrales les parecía imposible, muchos morían sin verlas acabadas, pero finalmente sus descendientes pudieron disfrutarlas, porque sus padres y abuelos tuvieron fe en conseguirlo. Ha llegado el momento de generar una fe inquebrantable en hacer realidad los Derechos Humanos, si la fe pudo levantar Notre Dame, también podrá levantar la catedral de la dignidad de todos los seres humanos.



sábado, 27 de abril de 2024

LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD COMO TAL COMIENZA EN 1948

    La llamada Tierra Prometida es en realidad todo nuestro planeta y fue prometida a todos los seres humanos en 1948, por el mayor acto espiritual y de hermandad de la historia de la humanidad: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Según esta declaración nadie ha de sentirse un apátrida en su propio planeta, pues al igual que el aire que respiramos no tiene fronteras y todos lo compartimos sin distinciones de ninguna clase, la tierra que pisamos también nos sustenta a todos. 


Eleanor Roosevelt sostiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos que no llegó a ser un tratado internacional de obligado cumplimiento, pues la humanidad no estaba preparada para ello. Nos queda un largo camino para que algún día pueda convertirse en un tratado, ahora aparte de luchar por su cumplimiento hay que conseguir que sean un tema esencial en la educación de todo el planeta.


    Las divisiones de la humanidad en clanes y países disputándose bienes y territorios son divisiones dibujadas en nuestras mentes por creencias, tradiciones, ideologías y religiones; los Derechos Humanos son unos principios que plantean trascender estas divisiones, de forma que en vez de servir para enfrentarnos sirvan para sumar experiencias y conocimientos y así poder evolucionar juntos. De alguna forma podemos decir que la historia de la humanidad comienza con la declaración de los DDHH, pues por vez primera algo nos invita a tomar conciencia de que somos un grupo de seres con un destino en común, hasta entonces la historia era más bien la historia de las diversas culturas. Por desgracia aún no somos conscientes de este hecho tan importante, es necesario empezar a  hablar de él en todas nuestras aulas para que así los DDHH puedan echar raíces en las mentes y los corazones de todas las nuevas generaciones: somos una humanidad en busca de su destino en común, nuestra historia como tal comienza ahora...   





martes, 24 de marzo de 2020

¡VIVAN LOS CISNES VENECIANOS!

     En la red, en medio del encierro del coronavirus, han circulado imágenes de nuestras ciudades en las que aparecen especies de animales que no forman parte de nuestro escenario habitual; entre estas presencias sorprendentes se encuentra la foto de dos cisnes en Venecia, esta imagen como muchas otras del mismo estilo ha resultado ser una “false news”. Una mentira, se nos ha dicho, es siempre una mentira; pero si dejamos la superficie de lo meramente evidente y también la del mundo “conspiranoíco”, y nos sumergimos en la profundidad de los sentidos de las cosas desde una mirada inocente, haciendo una lectura creativa de la imagen de los dos cisnes, podemos descubrir una gran verdad: en unos momentos tan duros necesitamos noticias bellas, tal vez porque sabemos que la belleza nos pone en contacto con lo que hay de auténtico dentro de nosotros, con nuestra parte invulnerable, con nuestra esencia indestructible ante cualquier enfermedad o catástrofe.
     El ser humano está sometido a la fragilidad de lo humano, pero también dispone de esa otra parte suya: el ser, esencia única e indestructible. Precisamente por eso nos llamamos seres humanos: somos una combinación de fragilidad y de poder indestructible, ante tan aparente contradicción no es extraño que nuestros comportamientos sean tan contradictorios, y que en medio de una crisis se acentúen y convivan a la vez actitudes generosas y ruines. El paradigma de la Dualidad ha sembrado la discordia entre nuestra parte ser y nuestra parte humana, precisamente por eso hemos necesitado intermediarios espirituales y autoridades religiosas, pero ahora está naciendo un nuevo paradigma que ha de integrar el ser con lo humano, de forma que el vivir como seres humanos no parta de una contradicción, sino de una suma consciente, coherente y bella de nuestra parte frágil y de nuestra parte indestructible.


     Volviendo al principio de este escrito, podemos decir que la unión de nuestra fragilidad y de nuestro poder indestructible queda perfectamente representada por la armonía, entre la fragilidad y el  porte majestuoso, presente en los dos cisnes “venecianos”: poder y fragilidad se integran en la belleza, en esa belleza que puede ser ahora, en medio de la gran crisis, nuestro salvavidas, o mejor dicho nuestro “salva-ánimos”, por eso me atrevo a decir: ¡vivan los cines venecianos!